"Claro, la basura, los trastes, la comida, no, nunca termina uno el quehacer,
jamás, a veces le digo a mi hija: Se va uno a dormir porque tiene que descansar,
pero que el trabajo se termine, nunca, nunca en la casa"
EXPERIENCIAS Y APRENDIZAJES
Este proyecto nos permitió, en primer lugar, la generación de un espacio de diálogo entre mujeres sobre temas que les afectan en lo cotidiano, como es el trabajo doméstico no remunerado, el de todos los días, y el que en su gran mayoría recae en ellas, pero del que también depende que las familias puedan realizar sus actividades fuera de casa.
A lo largo de los talleres pudieron externar las emociones y los sentimientos que acompañan esta actividad, expresando en muchas ocasiones que no es una actividad que les moleste hacer, lo que no les agrada es la falta de reconocimiento que tiene esa labor y la falta de reparto equitativo para lograr contar con tiempo, sobre todo, para el descanso. Llegando incluso a pensar en la posibilidad de que tenga un pago y buscar alguna solución a la actual imposibilidad de jubilarse de esa labor.
Asimismo, se habló de la necesidad de educar a las hijas e hijos desde pequeños, de tal manera que aprendan a realizar todas las actividades domésticas, sin diferencia de género. Y entender que se aprende haciendo, y que requiere paciencia para dejar que las niñas y niños prueben y se equivoquen, hasta lograr hacerlo de la manera más adecuada, y de acuerdo con sus edades.
Otro aspecto importante fue visibilizar también que el lenguaje utilizado debe ser modificado, para dejar de hablar de la "ayuda" que el resto de la familia da a las mujeres, para hablar de "colaboración", de cooperación entre los integrantes de la casa.